Como si fueran peldaños
de una empinada escalera,
cada cual a su manera
va dejando atrás los daños.
Superando los engaños
que nos prodiga la vida
sin buscarle una salida
pero encontrándole un fin
a los frutos del jardín
que florecen en la herida.
Salamanca nunca presta lo que el bolsillo no da: la sangre con letra entra y el saber en qué lugar. Y siempre te acostarás ignoran...
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